Cuidado con los zarandeos: el síndrome del bebé sacudido

En Holanda, desde donde escribimos, es bastante común que la gente se desplace en bicicleta, como vosotras ya sabréis. Y por eso es también común que los niños, desde edad muy temprana, acompañen a sus padres en la bicicleta, bien sea en un asiento especial para niños, bien sea en un carrito que se engancha a la parte posterior de la bici, o bien una de las llamadas “bicicarro” o cargo-bike, una bicicleta con cajón en la parte delantera.

Precisamente por ser tan común y corriente ver a bebés bastante pequeños en las sillitas de la bicicleta, nos quedamos boquiabiertas cuando recientemente llegó a nuestros oídos el fallecimiento de un bebé de 4 meses al que sus padres habían colocado demasiado temprano en su desarrollo en una sillita de bicicleta.

Y más curiosamente todavía, la muerte del bebé no se produjo a causa de un accidente o una caída de la bicicleta. En absoluto. El bebé se murió aparentemente de buenas a primeras, simplemente a causa de lo que se conoce como el “síndrome del bebé sacudido”.

El síndrome del bebé sacudido (también “zarandeado” o “maltratado”) se produce porque el cerebro del bebé es más gelatinoso y tiene mayor contenido en agua que el de un adulto. Por lo tanto es relativamente fácil que se rebote contra el cráneo durante un episodio de sacudida. Además la cabeza del bebé es en proporción mucho más grande que su cuerpo, pero los músculos su cuello no están todavía lo suficientemente desarrollados como para sostenerla en caso de movimientos bruscos. Por eso el resultado puede ser también una especie de desnucamiento o hiperextensión cervical parecido al que se observa en algunos accidentes de coche.

Según las estadísticas, uno de cada tres bebés afectados por el síndrome del bebé zarandeado fallece como consecuencia de las lesiones. El síndrome puede además causar ceguera, lesiones permanentes en el cerebro, convulsiones, parálisis o problemas de aprendizaje.

 

Afortunadamente, parece ser que los casos de síndrome del bebé sacudido asociados a paseos en bicicleta son realmente remotos. El síndrome sucede en la mayoría de los casos como consecuencia de una sacudida violenta del bebé por parte de un adulto. En estos casos está considerado una forma de maltrato infantil, aunque en la mayoría de las ocasiones el cuidador no tuviese ninguna intención de maltratar al niño: en su mayor parte este tipo de sacudida o zarandeo se produce en una situación de “pérdida de control” momentáneo del adulto a cargo del niño. El zarandeo no ha de ser especialmente violento ni reiterado. Bastan unos segundos de sacudida, pretendiendo calmar el llanto del niño, para que se produzca el síndrome. Si después del zarandeo se coloca al niño en la cuna, el simple rebote de la cabeza con un objeto blando como el colchón o una almohada puede ocasionar lesiones aún mayores, debido a las fuerzas de aceleración y deceleración asociadas en el impacto. Sin embargo también se han documentado unos pocos casos en que el síndrome sucedió tras haber aventado al bebé en el aire atrapándolo después de forma lúdica.

Desde luego, que a un bebé no debe zarandeársele por mucho que esté llorando es algo que cae de cajón… pero viendo que incluso de la forma más inesperada puede darse un caso de este síndrome, aunque no sea muy común, nos hará ir con pies de plomo a la hora de poner al bebé en situaciones de sacudidas innecesarias, aunque a primera vista puedan parecer de lo más inocentes…

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